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(vía pinterest)

Genial, fin de semana genial. Genial y diferente aunque, viendo lo bien que ha ido, creo que repetiremos más a menudo.

Rícard corría la media maratón de Calella este domingo (me parece que voy a tener que empezar a estar más agradecida a su nuevo hobby, puesto que está creando oportunidades y momentos muy especiales!). Esta media maratón también la corría su tío Jorge, que vive en Premià, de modo que decidimos que el sábado a media tarde subiríamos para allá y dormiríamos allí esa noche puesto que la carrera empezaba tempranito el domingo.

Antes de ir para Premià, por eso, "descubrimos" otra de esas cafeterías especiales, únicas, con encanto, que tanto me gustan (mentira, no la descubrimos, me la recomendó una amiga, y le estoy muy agradecida por ello!). Esta semana, sin falta, hago un post sobre ella porque merece mucho la pena! De todos modos, aquí va un pequeño adelanto:

interior Granja Petit Bo
(vía instagram)

Pues eso, después de tomar una infusión en esta granja adorable, fuimos para Premià. Allí nos esperaban Jorge y sus dos hijos, Maria y Joan, de 11 y 8 años. Fue una tarde muy agradable, especialmente gracias a estos dos últimos, que no paran de charlar y de animar el ambiente. Después de recoger los dorsales para la carrera del día siguiente, fuimos a ver el fútbol en un bar, y después a cenar pasta en un restaurante.

Al día siguiente, la gran carrera! Después del gran madrugón, Rícard y Jorge se pusieron a correr mientras los niños, Dolors (que es la pareja de Jorge) y yo, esperábamos muy cerca de la meta, con carteles de ánimos, y la cámara de fotos a punto para inmortalizar el momento. La llegada fue muy emotiva, sobre todo cuando Joan se unió a su padre y corrieron juntos los últimos metros para cruzar la línea de meta de la mano (esa era la intención pero, mientras corría, Joan pensó que sería todavía mejor idea si adelantaba a su padre a pocos metros de llegar y cruzaba él primero!).

Con los dos corredores y medio exhaustos, fuimos a celebrar la hazaña tomando una cerveza en la terracita de un bar, mientras nos tocaba el sol en la cara (el tiempo de ayer fue una maravilla! cómo se nota que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina!). Y, para rematarlo, fuimos a comer a un restaurante al aire libre, justo a los pies de la playa. Exquisita compañía, buena charla, rica comida, la arena en tus pies y el mar por paisaje. Qué más se puede pedir? A mí se me ocurre bien poco.

Ya está, el fin de semana no dio para más. Mientras estábamos en el coche de vuelta, con las mejillas coloradas por el sol, iba pensando "a veces se necesita bien poco. A veces, no hace falta irte súper lejos para desconectar y estar a gusto. A veces, con buenos amigos (o familia) y un poquito de sol es suficiente" ;) Feliz semana!
  
Rícard & Co

cervezas terracita

mar Premià


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